El motivo de que una persona se adentre y participe en política es principalmente una vocación o una inquietud por ayudar a los demás, enmarcado en la participación en lo que se denomina el servicio público.
Al menos es la idea por la que hace diez años me afilié a un partido político, y en esas sigo: en aportar pequeños granitos de arena para arreglar o contribuir pequeñas/grandes cosas.
La política municipal y la responsabilidad que he desempeñado durante cinco años ya como concejal en el Ayuntamiento de Santander me ha permitido ver un poco de todo, desde concejales de todos los partidos que trabajan honradamente y desde su visión de las cosas, horas y horas, hasta quienes no pegan un palo al agua. Es decir, como la sociedad en su conjunto.
Pero por las características especiales de ser el Ayuntamiento de la capital de Cantabria, siempre ha existido una tendencia de los equipos de gobierno municipal del Partido Popular en realizar políticas no estrictamente municipales, y más bien de ariete político y victimismo que suponen poco, o más bien nada, de beneficio para el ciudadano a pie de calle.
La pasada legislatura fue un claro ejemplo, que en mi caso, como concejal de la oposición, me tocó sufrir. Posturas sectarias y una escenografía política de victimismo fingido por partes iguales que relegaban la gestión municipal a un segundo plano en plena crisis económica. Una vergüenza con la que está cayendo.
Los resultados electorales de 2011 han arrojado el control total del Partido Popular en la administración del Estado, de Cantabria y de Santander. Un panorama que, al menos en teoría, dejaría las aguas municipales remansadas y en paz. Sin tanta tensión fingida desde el Ayuntamiento, el equipo de gobierno municipal podría dedicarse a lo que preocupa realmente a los ciudadanos. A crear empleo, a generar más igualdad en los barrios, a hacer más políticas sociales, en una palabra, a crear más calidad de vida. Pero la realidad, en el desarrollo de la legislatura en sus primeros movimientos, está siendo lo contrario realmente: los primeros presupuestos de cantabria que realiza el Partido Popular se olvidan de Santander a diferencia del anterior Gobierno, y la Consejería de Urbanismo bloquea el PGOU alargando su proceso un año más y retardadando un Plan de Urbanismo que lleva redactando el Partido Popular desde 2005, con resultado infructuoso.
No seré yo quién entre a dar o quitar razones al Gobierno o al Ayuntamiento. No caben excusas, pues siendo del mismo partido ambas instituciones, no cabe vender más humo de la lucha partidista. Es una cuestión mucho más grave.
Se trata de las luchas subterráneas de poder en las que lo que realmente preocupa a los ciudadanos, que es su propio bienestar, quedan en segundo plano. Pues quién tiene que gobernar pensando para ellos secuestra a los ciudadanos y los utiliza como arma arrojadiza para sus propios objetivos personales y políticos. ¡Ojo! Estando ambas instituciones en manos del mismo partido y con mayoría absoluta!. Es el ejemplo de la utilización de los ciudadanos como excusa, como pretexto.
Para calificar esta situación que vivimos en Santander, valdría aquella exclamación que afirmaba un conmilitón: ¡¡¡Cuerpo a tierra, que vienen los de mi partido!!!