Cifras que nos dicen muchas cosas

A menudo el bombardeo cotidiano de cifras que los ciudadanos contemplamos y pasan por nuestra retina nos provocan una coraza mental que impide que las demos la trascendencia que se merece. Un desfile de números componiendo cifras desmenuzan noticias e informaciones, hasta tal punto que nos hacen insensibles a reaccionar ante la realidad que se nos muestra.

Por ello, tiene verdadero mérito un reciente estudio realizado por la Universidad de Las Palmas a través de su “Instituto Universitario de Turismo y Desarrollo Sostenible” (Tides),  el cual ha tenido la valentía y atrevimiento de medir una cifra que a muchos interesados en el tema nos ha sido siempre difícil de medir: El coste económico de la Corrupción en España.

Se trata de un estudio innovador en muchos aspectos, como la perspectiva y la complejidad en llegar a la cifra final, una cifra contundente: 40.000 millones de euros al año. Una cifra mucho mayor a lo que en otros estudios sobre el asunto habían ido realizando organizaciones tan reconocidas como “Transparencia Internacional”.

Para llegar a dicha cifra total, se han incluido factores que hasta ahora nunca habían sido incluidos dentro del “cómputo” de la corrupción, como son, por un lado, el impacto en la reducción de inversión de capital extranjero por el temor que surge en los inversores a poner su dinero en negocios que pueden tornarse en “arenas movedizas” cuando la corrupción llega a ellos, o también, por otro lado, el desánimo que provoca en la población, que deja aparcados proyectos personales o profesionales ante la sensación de que la corrupción y sus largos tentáculos detenga estos proyectos antes de llegar a buen puerto.

Este nuevo cálculo, que ya digo, computa la suma de todo tipo de asuntos “corruptos” y las variables que ello comporta, reafirma una percepción instalada en la opinión pública, y que el último barómetro social publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) nos indicaba ya: la corrupción en sus distintas versiones, institucional e informal, figura entre las principales preocupaciones de los ciudadanos, que ven a este fenómeno social, cada vez más arraigado en usos y prácticas,  como un freno importante a la anhelada por todos, salida de esta profunda crisis financiera, económica y ética en las que estamos.

Esta cifra de 40.000 millones de euros, aún siendo mareante y abrumadora en los ceros, no nos revela toda su magnitud y su trascendencia para la vida de todos al tratarse de una más de esas cifras que a diario publican los medios de comunicación. Salvo que hagamos, eso sí, el experimento de contraste y la comparemos con otras cifras: por ejemplo, los recortes sociales del año 2.012 a cargo del Gobierno que ascendieron a la respetable cantidad de 20.000 millones de euros, o a la cantidad de recorte prevista para el ejercicio 2.013 aún por finalizar, y que se calcula entre 35.000/40.000 millones de euros.

¿Que nos indica esta comparativa tan sencilla?: Que el coste de la corrupción en España es equivalente al doble de la cantidad económica que supusieron los recortes efectuados en el año 2.012, y que es muy similar a los recortes previstos para este ejercicio 2.013.

¿Y que nos quieren decir estas cifras con tantos números?: Que estos dolorosos recortes al Estado de Bienestar y el desmantelamiento progresivo de la calidad de vida que se ha ido construyendo, podrían ser evitados y atenuados si te atajara la Corrupción como práctica institucionalizada.

Con voluntad decidida se puede acabar de raíz con la corrupción. Tenemos que convencernos de ello. Pero no sólo por un deber moral y ético que tiene toda sociedad, que también. Sino porque esas cifras de tantos ceros y que al final no nos dicen nada, empezarían a cuadrar: Los recortes sociales pueden ser evitados como fórmula de rebaja del gasto público presupuestario si la práctica cotidiana dentro y fuera de la Administración funcionara como tiene que funcionar.

Hay por tanto que conceptuar a la Corrupción, además de cómo fenómeno que provoca repulsa moral en cualquier ciudadano de bien, como una lacra que perjudica al bolsillo de todos, tarde y temprano, y cómo uno de los gérmenes, no el único, de esta crisis que vivimos en la actualidad.

Son algunas cifras que nos dicen muchas cosas…para quien las quiere escuchar. Está claro que al que no le dice nada, porque vive bien en ese submundo de prácticas corruptas, nada querrá hacer. Pero dicho queda.

Artículo publicado en “El Diario Montañés” el 26 de agosto de 2.013

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