La EPA y la EPO

EPO

Aún admirado por el espectáculo grandioso de la llegada y fin de etapa  de la “Vuelta Ciclista a España” al Parque de la Naturaleza de Cabárceno, hago un breve repaso mental de los últimos acontecimientos de este noble deporte de la bicicleta, uno de los más duros y exigentes, donde se reflejan los verdaderos límites de la resistencia del cuerpo humano. Admirado, respetado y seguido por una numerosa afición.

Y sin embargo, en la actualidad está pasando unos momentos de bajón en la credibilidad como deporte ante los numerosos casos de dopaje, el más reciente, el de la “EPO”, entre cuyos efectos está el de conseguir en pocas semanas una mejora significativa de los valores del consumo de oxígeno, del tiempo de agotamiento, y en resumen, una mejora importante del rendimiento de los ciclistas dopados.

Pasados unos meses de ser suministrado, es cuando los efectos secundarios se muestran: favorecer el desarrollo de la hipertensión arterial, insuficiencia renal, enfermedades cardiovasculares, riesgo de problemas tóxicos, trombosis cardíaca, arterial, pulmonar y accidentes cerebrales vasculares. Después de hecha la “trampa” que supone el dopaje, y a la que algunos ciclistas recurren para mejorar su rendimiento deportivo, la EPO pasa “factura “ en la salud.

De la misma manera, hay muchos agentes económicos, sociales y políticos pendientes de las variables socio-estadísticas.

La Encuesta de Población Activa (EPA) que mide la estadística del desempleo ha sufrido modificaciones sustanciales, la última de ellas hace pocos meses, que de alguna manera contribuye a mi modo de ver a “inyectar” dopaje al sistema:

Una.- La modificación del cómputo de la población activa ha dado lugar a un “crecimiento importante” de ella con lo que la tasa de paro que se calcula como cociente de esta cifra, ha bajado unas décimas automáticamente.

Dos.- La EPA clasifica a una persona como parada cuando desea trabajar, está buscando empleo activamente y en condiciones de incorporarse a un empleo dentro de las dos semanas siguientes.  Cuando una persona sin trabajo afirma que no lo está buscando porque cree que no la va a encontrar, simplemente se le excluye de la estadística de parados.

Tres.- Para ser clasificado como parado no debe trabajarse ni una sola hora durante la semana de referencia: si se está ocupado, no se puede estar desempleado. Para la EPA si se trabaja una hora a la semana ya se considera como ocupado. Según la última EPA del segundo trimestre de 2014, 837.000 personas trabajan una hora a la semana.

Si nos centramos en el año 2014, los datos del segundo trimestre indican que, según la EPA, en España hay 5.622.860 personas desempleadas. En 2014 la suma de empleos a tiempo parcial y las personas que se encuentran “desmotivadas” y que la EPA excluye de su concepto de parado, supondrían que el total del desempleo en España se situara en más de siete millones de personas en 2014. Un criterio más cercano a la realidad y más alejado del “doping” estadístico supondría incrementar la cifra de parados, en casi 1.400.000 personas, más de las que figuran en las estadísticas oficiales.

La precarización de las últimas reformas laborales además afianza esta situación de tapar realidades que no aflorarían si no se adoptase ese criterio más amplio.

En definitiva, preguntarse cuántos parados hay en España equivale a plantear la necesidad de reconsiderar para qué queremos las estadísticas de desempleo. Si queremos “dopar” esas estadísticas para obtener buenos resultados y que el político de turno se cuelgue una medalla, podemos seguir con la metodología actual. Si las queremos para saber cuánta gente no consigue un trabajo en condiciones de dignidad, resulta urgente ampliar el concepto actualmente aplicado y suprimir el tratamiento de dopaje a la EPA.

Este tipo de fraudes, que como en el deporte, se realizan en la política laboral, resta credibilidad  pues permite borrar huellas de lo que realmente está pasando y se trata de un engaño masivo para fingir una recuperación económica que no es tal.

Como el dopaje en el ciclismo, los problemas en la “salud” de la sociedad no tardarán en manifestarse y pasar factura.

Para este Gobierno, su objetivo es llegar a las próximas elecciones en 2015 con el “maillot” de vencedor cueste lo que cueste. No le importa que el posterior control anti-doping lo descubra: los votos electorales ya habrían sido depositados.

Artículo publicado por “El Diario Montañés” el 17 de septiembre de 2.014

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